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DIRECTOR
Manuel Desviat
DISEÑO
Átopos
REDACCIÓN
María José Gil Bonmatí, Ana González Rodríguez, Ana Moreno, Ana Moro, Itzhak Levav, Pilar Nieto Degregori, María Eugenia Ruiz Velasco, Marta Sanz Amador, Rafael Sepúlveda.
CONSEJO EDITOR
P. Amarante, J.M. Caldas Almeida, F. Colina, F. Chicharro, P.G. Delgado, M. Desviat, Domingo Alves, A. Fernández Liria, I. Levav, J. Mas Hesse, F. Pereña, B. Saraceno.
EDITA
Asociación Átopos, salud mental, comunidad y cultura
REALIZACIÓN E IMPRESIÓN
Lúa Ediciones 3.0 S.L.
WEB
Manuel Desviat
Ana Moreno

Cohabitar la diferencia. Manuel Desviat

 

Cohabitar la diferencia, qué título tan sugerente. Parece incidir en la posibilidad-necesidad-urgencia de crear y compartir espacios de convivencia en los que tienen cabida todas las subjetividades. Es decir, que lo común es lo que construimos juntos. Lo común no es lo que nos asemeja. Lo común es la resultante de este espacio compartido en el que decidimos/exigimos respetarnos y permitimos que emerjan saberes, vivencias y narrativas diversas. La diversidad, la diferencia, es lo común. 

 

Este libro, dice Manuel Desviat,parte de la presunción del agotamiento de la refor­ma psiquiátrica y de la integración de sus logros en la sociedad de los mercados, donde predominan una sanidad y unas pres­taciones sociales regidas por la ganancia privada y no por la solidaridad. Sin dudar de las mejoras en cuanto a organización de la asistencia y defensa de los derechos humanos, la cuestión es lo que ha quedado fuera de los ideales y objetivos que acompañaron o sustentaron las prime­ras experiencias de reforma. ¿Qué hay de la salud pública, de la atención a la subjetividad, de la pluralidad terapéutica o de la desinstitucionalización real de las prácticas de la salud mental?

 

Son las voces insurgentes, las voces de la locura que viven en carne propia nuestras carencias y nuestros excesos, aquí y ahora, las que claman en primera persona denunciando las raíces sociopolíticas de su sufrimiento y exigiendo participar en una clínica respetuosa con los derechos humanos que tenga como objetivo la recuperación del sujeto.

 

Manuel Desviat es un hombre apasionado. Y con la misma pasión con la que ha liderado procesos de reforma en nuestro país y en otros de América Latina analiza la situación actual de la atención a la salud mental: cómo hemos llegado hasta aquí, qué logros, qué carencias, cómo seguir adelante. Y lo hace como sabe hacerlo, como hay que hacerlo: desde una mirada global que nos ayuda a ver hasta qué punto la sociedad capitalista, los mercados, invaden lo más íntimo y malvenden nuestra libertad. Nos convierten a todos en síntomas sin sujeto. Y los síntomas, dicen los que consideran que no hay un afuera de este estado de cosas, se tratan con psicofármacos.

 

En la contestación que de este discurso dominante hacen los movimientos sociales inscribe Manuel Desviat la denuncia y la organización de los sufridores psíquicos. Y también la denuncia de los profesionales y de la sociedad civil: mareas blancas, verdes, granates… que colorean las ciudades desde la indignación y el compromiso para conjurar la indiferencia a la que nos quieren someter.

 

Sí hay un afuera, dice Manuel Desviat. Y lo dice con el peso de los argumentos que desde la investigación, las experiencias asistenciales o autogestionadas, la historia y la cultura convergen para sostener que la atención a la salud mental será colectiva o no será.

 

Nos invita -nos exige-, como profesionales, a una reflexión crítica sobre nuestras prácticas. Fue bueno, pero no suficiente, cambiar el modelo asistencial y empezar a considerar a la persona sufriente que se sienta con nosotros en el despacho como un sujeto de derechos. Pero debemos, también nosotros, conocer nuestra propia historia, reapropiarnos de nuestros saberes y construir una psicopatología que nos permita comprender, acompañar y ayudar a las personas que padecen sufrimiento psíquico. Ese saber, necesariamente, se construye desde el diálogo: desde nuestros saberes técnicos, sí; pero sin duda también desde el saber profano, los expertos por la experiencia, la filosofía, la cultura… el saber emergente es el que construye lo común. Es un diálogo difícil y apasionante. Como los que le gustan a Manuel Desviat.

 

Son tiempos difíciles para la disidencia. Cabe, desde los profesionales, afrontarlos desde tres posturas: aquí no pasa nada; asumir la derrota; o una resistencia partisana, mantener el modelo conseguido en los servicios, repensar lo que se ha hecho y lo que no se hizo y buscar para ello a los aliados natura­les: sufridores psíquicos, familiares y ciudadanía. O quizá no, quizá solo una de las posturas es compatible con el cuidado ético.

 

Son tiempos difíciles para la disidencia. Por eso es urgente y necesario el libro de Manuel Desviat.

 

 

 

Ana Moreno